| Carta sobre Carmen Aristegui |
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El niño rico y bobo es sin embargo el dueño del balón. Cuando otro niño de la palomilla, desprovisto de ínfulas, destaca por su destreza fìsica y mental, el rico se encona, decreta de facto la suspensión del juego al recoger su pelota y retirarse a casa. Pero si además de todo ha sido la inteligencia y la habilidad de una niña la que ha exhibido su estulticia y haraganería, entonces el arrebato del berrinche alcanza una proporción colosal. Al expulsar del espacio informativo del espectro electromagnético (bien público) a Carmen Aristegui, el monopolio televisivo ni siquiera incurrió en una herejía contra su dios: el becerro de oro. Más bien la estólida arrogancia del monopolio se circunscribe perfectamente dentro de la lógica de su inercia congénita: horror a la inteligencia y a la verdad.
El niño rico y bobo es sin embargo el dueño del balón. Cuando otro niño de la palomilla, desprovisto de ínfulas, destaca por su destreza fìsica y mental, el rico se encona, decreta de facto la suspensión del juego al recoger su pelota y retirarse a casa. Pero si además de todo ha sido la inteligencia y la habilidad de una niña la que ha exhibido su estulticia y haraganería, entonces el arrebato del berrinche alcanza una proporción colosal. Al expulsar del espacio informativo del espectro electromagnético (bien público) a Carmen Aristegui, el monopolio televisivo ni siquiera incurrió en una herejía contra su dios: el becerro de oro. Más bien la estólida arrogancia del monopolio se circunscribe perfectamente dentro de la lógica de su inercia congénita: horror a la inteligencia y a la verdad.
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Blogs
Diálogos entre autores
| Ludmer y las literaturas postautónomas |
Ahora, ser idéntico a sí mismo ya no es deseable. Difícil llevar aquel sello que, en el ejercicio de la integridad antecedente, se ensalzaba como uno de nuestros derechos más meritorios. Todo ciudadano debía –debe, cierto, incluso ahora mucho más que antes, aunque no por las mismas razones– ser identificado e incluido en las proyecciones realizadas para lo que los esquemas de planificación estaban hechos: el control colectivo. Control de los afectos y de los efectos de ello. Control del cuerpo en la medida en la que era concebido todavía como producto de un sistema histórico organizado. El individuo daba la cara, se presentaba como una representación modal, como quien caracterizaba el ejemplo que una comunidad debía seguir. Los otros, los que no se adaptaban, los exiliados, eran algo definitivamente distinto; incomprendidos o no, se les usaba sólo como parte del ensalzamiento de las historias de marginación que las grandes urbes producían.
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| La crítica literaria y la crítica cultural - Modelando la Teoría Estética |
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Poesía
| Ave María |
Abandonamos tu estruendo, María,
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| Voces |
(fragmentos, versión texto) Ecos o murmullos
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Algo de cuento
| Ser bello tampoco me da las satisfacciones que esperaba |
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